Amo Halloween, amo a Edgar Allan Poe y amo a Vincent Price. Asi que, esto es oro puro para mi.
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31 de octubre de 2017
6 de julio de 2017
Boca a boca
Copa de vino donde quiero y sueño
beber la muerte con fruición sombría,
surco de fuego donde logra Ensueño
fuertes semillas de melancolía.
Boca que besas a distancia y llamas
en silencio, pastilla de locura,
color de sed y húmeda de llamas…
¡Verja de abismos es tu dentadura!
Sexo de un alma triste de gloriosa;
el placer unges de dolor; tu beso,
puñal de fuego en vaina de embeleso,
me come en sueños como un cáncer rosa…
Joya de sangre y luna, vaso pleno
de rosas de silencio y de armonía,
nectario de su miel y su veneno,
vampiro vuelto mariposa al día.
Tijera ardiente de glaciales lirios,
panal de besos, ánfora viviente
donde brindan delicias y delirios
fresas de aurora en vino de poniente…
Estuche de encendidos terciopelos
en que su voz es fúlgida presea,
alas del verbo amenazando vuelos,
cáliz en donde el corazón flamea.
Pico rojo del buitre del deseo
que hubiste sangre y alma entre mi boca,
de tu largo y sonante picoteo
brotó una llaga como flor de roca.
Inaccesible… Si otra vez mi vida
cruzas, dando a la tierra removida
siembra de oro tu verbo fecundo,
tú curarás la misteriosa herida:
lirio de muerte, cóndor de vida,
¡flor de tu beso que perfuma al mundo!
-Delmira Agustini
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11 de mayo de 2017
Feria del Libro 2017: Parte 2
Volví a la Feria, al menos una vez mas, y fui en busca de algún tesoro mas.
Y et voilà! Encontré lo que quería.
Hace rato que deseaba comprar los Cuentos de Beedle el Bardo, de J.K.Rowling. Como fan que soy, no lo podía dejar en el olvido.
Pero no lo encontré fácilmente. Yo lo había visto en Cúspide, pero cuando fui... ya no quedaban ejemplares. Asi que busqué y busqué... y lo encontré en un stand de Comics y libros relacionados, Plan-T.
Estaba al mismo precio.
La editorial es Lumus (de la fundación creada por J.K. Rowlin, Lumos Foundation) con colaboración de la editorial Salamandra.
Es una primera edición (que lo hace mas genial), de este año. Y tiene en su interior ilustraciones hechas por la autora (mas genial todavía).
Estoy verdaderamente Happy!
Después me regalaron una Constitución, ya tengo como seis. Muy bonita, viene con la Constiución de la Ciudad de Buenos Aires (que no la tenía en papel).
Y una lapicera del Colegio de Abogados.
Mi mamá compró una linda edición de Delmira. La ibamos a comprar juntas pero al final la compró ella.
Y encontré uno de los posters que tenía en mente! En de The Beauty and the Beast! Había otro con todos los personajes, pero la imagen estaba como aplanada, no me gustó.
Ahora solo me falta uno de Stranger Things y uno de Sherlock.
Y por último. Ya cuando habíamos salido de La Rural, encontré a una chica vendiendo cuadernos, agendas y demás cosas similares, en Plaza Italia.
Me llamó la atención y me acerqué a mirar. Le pregunté por los precios y me explicó los productos que tenía, que eran artesanales, hechos de papel y cartón reciclado. Y puse ojos en los sketchbooks que tenía. Tenía de papel finito y de papel grueso (justo lo que yo andaba buscando).
Y me enamoré! Estan encuadernados de manera tal que uno puede abrir a 180º sin problemas, hasta dar vuelta la tapa, como los cuadernos anillados.
Es bueno comprar cosas artesanales. Valen la pena.
Hay muchos artistas que trabajan muy duro y hacen cosas preciosas, de calidad única.
3 de mayo de 2017
Feria del Libro: Parte 1
Un nuevo año de disfrute literario en la ciudad de Buenos Aires. La Feria del Libro es uno de los eventos que mas espero durante el año.
Este año llegó un poco mas tarde de lo normal, pero llegó. Debo decir que no con la fuerza de años anteriores. Note que había poca gente (no sé como fue tanto el 1 de Mayo ni el resto del fin de semana largo).
En resumen, los precios son prácticamente los mismos que los de años anteriores. Las "ofertas" son variadas. Eso si, las bateas de ofertones son siempre las mimas: libros de auto-ayuda, política actual y biografías varias (pero no de las buenas).
Youtubers y demás yerbas malas siguen ocupando espacio valioso, lamentablemente.
Yo fui con una lista de deseados la cual pude satisfacer en un 1%.
No encontré el libro que quería de Oscar Wilde y los otros títulos de la colección no me parecieron lo suficientemente lindos como para comprarlos.
Encontré un poster de los por lo menos cuatro que tenía en mente. Yo queria uno de The Beauty and the Beast 2017, uno de Stranger Things, uno de Sherlock y uno de Legion. Solo encontré uno de Legión.
Hice tres compras que valieron a pena...
La primer compra fue esta hermosa edición de Jane Eyre, de Charlotte Bronté. Fue en el stand de Cúspide (dónde uno puede llegar a bailar de emoción por la cantidad de cosas que uno encuentra y también llorar por los precios).
Es una edición de tapa dura de la editorial VIVI Books, en inglés, del año 2014 y que fue impresa y encuadernada en la India.
Yo había visto en Tumblr los libros de esta editorial y la verdad que fue una sorpresa muy grata encontrar una copia.
La segunda compra fue en el stand de Kel (el cuál amo con locura). Fui con la idea de comprar un libro de Oscar Wilde el cual no encontré (de esa colección tengo dos hermosas ediciones, una con todas las novelas de Jane Austen y la otra con una muy buena selección de Virginia Wolf). Tenían una colección similar, pero no había de Oscar. Tenía como segunda opción comprar algún tomo de Conan Doyle, pero eran de tapa blanca y no me gustaron para nada.
Seguí mirando, porque también tenía en mente comprar un libro de Agatha, con todas las historias de Poirot. Pero me pareció muy caro.
Y me decidí por esta linda edición de Death on the Nile. Tengo mas de 40 libros de ella, pero ninguno en ingles... Y quería empezar esa parte de la colección con un buen título.
De Harper Collins Publishers, del año 2007, tapa blanda, impreso y encuadernado en Great Britain.
La tercer compra fue con meditación. Lo encontró mi mamá, en el stand de Cúspide. Me gustó pero no quería gastar de manera apurada. A parte, estaba con el libro de Charlotte Bronté en la mano.
Quedé con la tapa grabada en la mente y me decidí a comprarlo cuando estaba buscando la salida para irme a casa.
Tres grandes títulos, tres grandes autores... Y una introducción hecha por uno de mis autores favoritos (de mi top 5), Stephen King. Qué mas puedo pedir?
Una edición en tapa blanda, en inglés, de USA, no estoy segura del año porque solo menciona el año en el que comenzó la colección (Signet Classics). Es de New American Library (a division of Penguin Group).
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26 de diciembre de 2016
2016 y mis libros.
Nota: Esto NO es una reseña.
El gusano de Seda (Robert Galbraith/J.K.Rowling)
Segunda entrega de la saga policial de J.K.Rowling. No me decepcionó sino todo lo contrario. Me fue difícil terminar con el libro porque justo fue en esos días que murió mi amado Alan Rickman. Yo me imaginaba a Cormoran Strike como Alan. Si hubiera sido mas joven podría haber interpretado a ese personaje.
Estoy esperando el próximo libro con muchas ganas.
Persuasión (Jane Austen)
Ya perdí la cuenta de cuantas veces leí esta novela. Simplemente la amo, es una de mis favoritas.
Bogart (Stefan Kanfer)
Mi querida madre me recomendó este libro. El año anterior yo había leído la autobiografía de Lauren Bacall, viuda de Bogart. Y le presté el libro a mi ma, asi como un intercambio.
Esta biografía no fue lo que esperaba. El autor hizo algo mas como una filmografía, mas que una biografía. Y por momentos es bastante soberbio. Hasta critica la autobiografía de Lauren por "hablar de la gente famosa que ella conoció". En fin, fue un buen libro, pero no mucho mas.
Entrevista con el vampiro (Anne Rice)
Este era una deuda pendiente con migo misma. La película, la vi muchas veces. Pero nunca había tocado la novela.
Es la primera parte de una saga que no se cuántos libros tiene. No me decepcionó, tampoco me volvió loca. La peli es una adaptación es respetable, eso me gustó.
Cuando me encuentre con el segundo, lo leeré. Fue gratificante.
El código Da Vinci (Dan Brown)
Otro que le tenia ganas desde hace mucho! Otra buena adaptación. Quedé muy satisfecha, aunque me dí cuenta cuando ya era demasiado tarde (?) que la historia viene después de Angles y Demonios (no como con las películas).
Buena historia, el próximo año seguiré con las demás.
La mujer del Provenir (Concepción Arenal Ponte)
Un buen libro. Lo encontré de casualidad en formato E-Book y me vino muy bien para ampliar mi conocimiento sobre el feminismo. En el 2017 planeo aumentar mis estudios sobre el tema.
La Ladrona de Libros (Markus Zusak)
Vi la película, me enamoré. Encontré el libro, me volví a enamorar. Una historia quizás repetida, pero que tiene un enfoque que me gustó. Quizás la vuelva a leer este próximo año.
Nerón, Diario de un Emperador (Pedro Gálvez)
Roma, esa parte de la historia que aprendí a disfrutar por mi cuenta. Un buen libro.
Life with my sister Madonna (Christopher Ciccone)
Como buena fan de Madonna que soy, tenía que leer este libro. Es como el lamento por ser el hermano sin talento de la Reina del Pop. Por momentos bueno, por otros extraño, pero definitivamente patético. The End!
Ana Karenina (León Tolstoi)
Segunda vez que leo esta novela. Pero en esta oportunidad, en español. La disfruté y la volveré a leer.
Persépolis I, II, III y IV (Marjane Satrapi)
Había escuchado hablar de la película (que nunca pude ver) y me busqué los cómics. Esta dentro de lo que mas disfruté este año. Marjane es ahora una de mis ídolas absolutas!
El gran libro de las Brujas (Rafael M., Mérida Jimenez)
La única compra que hice en La Feria del Libro. Lo encontré en la parte de ofertas y valió la pena. La historia de las brujas. Desde Grecia a Roma a Europa y América. Analizando todos los escritos encontrados. La inquisición. Todo.
Lo disfruté demasiado.
It (Stephen King)
Todo lo que leí de este hombre hasta ahora me dejo encantada. Me constó encontrar el E-Book (el libro estaba muy caro). Creo que es mi nueva novela favorita del señor King.
Discursos y Manifiestos (Leandro Alem)
Otro E-Book que encontré de casualidad. Mi sangre de boina blanca me dijo que lo leyera y valió la pena. Discursos muy actuales que todos deberían leer.
Agatha Christie: Los cuadernos secretos (John Curran)
Sigo estudiando a esta mujer. Sus escritos, sus métodos. La sigo disfrutando.
El principe feliz y otros cuentos (Oscar Wilde)
Mi vida necesita de Oscar. Por mas que algunos cuentos sean muy tristes. Son el opio de mi alma.
Harry Potter IV (J.K.Rowling)
Volví a Hogwarts, como fiel estudiante que soy. Y volveré el proximo año.
★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★★
Debo admitir que este año no leí mucho. En si, leí mucho fanfic. Es un mundo que descubrí este año.
Confieso que hay mucha basura, pero hay joyas. Es muy bueno encontrar jóvenes que comparten y se animan a crear. Algún día quizás me sume.
Este proximo año espero leer mas. Tengo una pila de libros bastante larga.
16 de enero de 2016
Lectura de verano...
Algunas "Re-lecturas" (Persuasión, Misterio en el Caribe y Yo,Claudio!). Una recomendada, Bogart. Y varios pendientes viejos.
2 de enero de 2016
2015, lista de lectura.
Un año con poca lectura (si, la lista es mas corta de lo normal), pero con cosas que valieron la pena.
Como la lista es corta, voy a repazar uno por uno los libros que leí.
Poesías (Alfonsina Storni)
Alfonsina siempre fue una de mis favoritas, desde muy pequeña. Este libro lo encontré en una librería maravillosa que queda cerca de casa. Me acompaño en las noches de verano, me dio paz.
El canto del Cuco (Robert Galbraith/J.K.Rowling)
Un libro que venia esperando con muchas ganas. No me defraudó, me dio todo lo que quería. Enero venia gris y esta historia de crimen y suspenso me dejó pidiendo por mas (ya tengo en mis manos el siguiente caso de Cormoran Strike).
Caballos Salvajes (Jeannette Walls)
Una novela que compré hace unos años, en una batea de ofertas del Walmart. Es la historia de la abuela de la autora. La vida de una familia de clase baja/media de principios de siglo en el castigado sur de USA. Es un buen relato.
Vista al Río (E.M.Foster)
Ya habia visto la pelicula (Un amor en Florencia), pero nunca habia leído la novela. Es practicamente igual, muy entretenida.
Ya habia visto la pelicula (Un amor en Florencia), pero nunca habia leído la novela. Es practicamente igual, muy entretenida.
La Historiadora (Elizabeth Kostova)
Excelente historia de vampiros (de los de verdad). Seguir las pistas para atrapar al Empalador fue muy entretenido.
Excelente historia de vampiros (de los de verdad). Seguir las pistas para atrapar al Empalador fue muy entretenido.
Misery (Stephen King)
Un clásico que estaba en mi lista. Un clásico que ahora esta en mi corazón. Stephen lo hace una y otra vez, me deja loca.
Un clásico que estaba en mi lista. Un clásico que ahora esta en mi corazón. Stephen lo hace una y otra vez, me deja loca.
Sombras y Luces (Jonathan Rabb)
Policial negro en la Alemania pre-segunda guerra mundial. Personajes históricos, estrellas de cine. Un final que me sorprendió.
Policial negro en la Alemania pre-segunda guerra mundial. Personajes históricos, estrellas de cine. Un final que me sorprendió.
Historias Fantásticas (Stephen King)
Un complilado de cuentos de gran calidad. El que se llevó el premio mayor fue "La imagen de la muerte". Stephen es el heredro de Poe, no hay discusión.
Un complilado de cuentos de gran calidad. El que se llevó el premio mayor fue "La imagen de la muerte". Stephen es el heredro de Poe, no hay discusión.
Agatha Christie: Los cuadernos secretos (John Curran)
Un viaje por los cuadernos de notas de la reina del misterio. Hay partes que me sorprendieron. Siempre es interesante ver el esqueleto de las grandes obras.
Un viaje por los cuadernos de notas de la reina del misterio. Hay partes que me sorprendieron. Siempre es interesante ver el esqueleto de las grandes obras.
Frankenstein (Mary W. Shelley)
Un clásico que si bien no llegó a volar mi mente, me dejo satisfecha. Al principio (debo confesar) me aburrio. Pero fue tomando ritmo y la disfrute.
Un clásico que si bien no llegó a volar mi mente, me dejo satisfecha. Al principio (debo confesar) me aburrio. Pero fue tomando ritmo y la disfrute.
Por mi misma y un par de cosas mas (Lauren Bacall)
Lauren, si antes la admiraba... Ahora ahora la amo con locura. Su vida con Bogie, sus amigos, sus experiencias. Su forma de ser que la separa de las demas. Este libro esta entre los mejores del 2015.
Lauren, si antes la admiraba... Ahora ahora la amo con locura. Su vida con Bogie, sus amigos, sus experiencias. Su forma de ser que la separa de las demas. Este libro esta entre los mejores del 2015.
El faraón del Desierto (Valerio Massimo Manfredi)
Una aventura que la describo como un mix entre Indiana Jones, El Pacificador y El Codigo Da Vinci (Las peliculas, alcaro). Entretenida.
Una aventura que la describo como un mix entre Indiana Jones, El Pacificador y El Codigo Da Vinci (Las peliculas, alcaro). Entretenida.
Un barco hacia en Infierno (Gilbert Sinoué)
Este fue algo especial. Es una historia real. Los judíos alemanes que quicieron buscar un nuevo hogar en Cuba y que fueron rechazados. Una historia de refugiados que es muy actual. Dura, pero te deja algo grabado en el alma.
Este fue algo especial. Es una historia real. Los judíos alemanes que quicieron buscar un nuevo hogar en Cuba y que fueron rechazados. Una historia de refugiados que es muy actual. Dura, pero te deja algo grabado en el alma.
Under the Dome (Stephen King)
Increíble! Un poco cansadora, pero increíble! Uno termina sintiendo que esta encerrado bajo la cúpula. Una hormiga debajo de la lupa.
The Godfather (Mario Puzo)
Si aman la película, el libro los va a dejar loco. Otro que queda dentro de la lista de "Lo mejor que leí en la vida". La película es una excelente adaptación. Y todos los detalles que no aparecen en la película son deliciosos!
La traición de Versalles (Jean-Michel Riou)
La corte del Rey Sol. Puro glam, escandalos y partes de la historia que no tenia muy en claro. Un buen libro.
En fin, un 2015 con una lista bastante corta. Pero por lo menos leí cosas buenas.
El 2016 tiene muchos títulos en espera. Cada vez le agrego nuevos.
25 de agosto de 2015
"Un Barco hacia el Infierno", Gilbert Sinoué.
Se sentía desgarrado, un poco como una hoja de papel arrancada de un cuaderno. No. No olvidar nunca. Esa seria desde ahora su obsesión. No olvidar nunca la Noche de los Cristales Rotos, no olvidar nunca el horror. Dentro de mil años, todavía habría que hablar de ello. Todo se vuelve tan banal con el tiempo y la acumulación de las magulladuras cotidianas. Lo que estaban viviendo en este mes de Mayo de 1939 no era un vulgar episodio de la historia. Tampoco era una tragedia. Era peor que eso: una injuria a la dignidad del hombre. Matar a un hombre no era tan grave. La muerte solo dura unos segundos. Pero robarle su dignidad, eso es otra cosa. Nadie ha sido concebido para vivir de rodillas.
No olvidar nunca.
- "Un Barco hacia el Infierno", Gilbert Sinoué (2005)
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24 de agosto de 2015
Jorge Luis Borges "El reloj de arena"
Está bien que se mida con la dura
Sombra que una columna en el estío
Arroja o con el agua de aquel río
En que Heráclito vio nuestra locura
El tiempo, ya que al tiempo y al destino
Se parecen los dos: la imponderable
Sombra diurna y el curso irrevocable
Del agua que prosigue su camino.
Está bien, pero el tiempo en los desiertos
Otra substancia halló, suave y pesada,
Que parece haber sido imaginada
Para medir el tiempo de los muertos.
Surge así el alegórico instrumento
De los grabados de los diccionarios,
La pieza que los grises anticuarios
Relegarán al mundo ceniciento
Del alfil desparejo, de la espada
Inerme, del borroso telescopio,
Del sándalo mordido por el opio
Del polvo, del azar y de la nada.
¿Quién no se ha demorado ante el severo
Y tétrico instrumento que acompaña
En la diestra del dios a la guadaña
Y cuyas líneas repitió Durero?
Por el ápice abierto el cono inverso
Deja caer la cautelosa arena,
Oro gradual que se desprende y llena
El cóncavo cristal de su universo.
Hay un agrado en observar la arcana
Arena que resbala y que declina
Y, a punto de caer, se arremolina
Con una prisa que es del todo humana.
La arena de los ciclos es la misma
E infinita es la historia de la arena;
Así, bajo tus dichas o tu pena,
La invulnerable eternidad se abisma.
No se detiene nunca la caída
Yo me desangro, no el cristal. El rito
De decantar la arena es infinito
Y con la arena se nos va la vida.
En los minutos de la arena creo
Sentir el tiempo cósmico: la historia
Que encierra en sus espejos la memoria
O que ha disuelto el mágico Leteo.
El pilar de humo y el pilar de fuego,
Cartago y Roma y su apretada guerra,
Simón Mago, los siete pies de tierra
Que el rey sajón ofrece al rey noruego,
Todo lo arrastra y pierde este incansable
Hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable.
Julio Cortázar "Continuidad de los Parques"
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
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16 de abril de 2015
Stephen King "La imagen de la Muerte"
Un buen cuento, de un gran escritor.
—Lo trasladamos el año pasado, y fue de lo más complicado —explicó Carlin mientras subían la escalera—. Además tuvimos que hacerlo a mano. No había otra forma. Lo aseguramos de accidentes en Lloyd’s antes incluso de sacarlo de su caja, en el salón. Fue la única compañía que quiso asegurarlo por la cantidad que habíamos previsto.
Spangler no dijo nada. El hombre era un imbécil. Jonson Spangler hacía tiempo que había aprendido que la única forma de tratar con un imbécil era ignorarle.
—Lo aseguramos por un cuarto de millón de dólares —terminó Carlin cuando llegaban al rellano del segundo piso—. Y nos costó un buen pico. —Era un hombrecillo regordete, con gafas sin montura y una calva morena que brillaba como una pelota de voleo barnizada. Una armadura, que guardaba la oscuridad de caoba del corredor del segundo piso, les contempló impasible.
Era un corredor largo, y Spangler miró las paredes, y lo que estaba colgado en ellas, con frío ojo profesional. Samuel Glaggert había comprado mucho, pero no había comprado bien. Como muchos de los grandes industriales, que se habían hecho a sí mismos en el pasado 1800, había resultado poco más que un amo de casa de empeños disfrazado de coleccionista, un experto en pinturas monstruosas, novelas y colecciones de poesías sin valor encuadernadas en cuero valioso, y atroces esculturas, todo ello considerado por él como arte.
En aquel piso las paredes estaban recubiertas, mejor dicho festoneadas, de tapices marroquíes de imitación, innumerables (y sin duda anónimas) maddonas sosteniendo innumerables niños nimbados, mientras innumerables ángeles revoloteaban de un lado a otro en el fondo, grotescos candelabros repletos de volutas, y una lámpara monstruosa, cursimente ornamentada y rematada por una ninfa sonriente y salaz.
Naturalmente, el viejo pirata había conseguido algunas piezas interesantes; la ley de las probabilidades lo requiere así. Y si el Museo Particular en Memoria de Samuel Claggert (<>... ridículo) contenía un 98 por ciento de flagrante basura, el 2 por ciento restante, cosas como el rifle Coombs colgado sobre la chimenea de la cocina, la curiosa y pequeña cámara oscura en el salón, y por supuesto el...
—El espejo Delver fue retirado de la planta baja después de un desgraciado... incidente —informó bruscamente Carlin, motivado aparentemente por un horrendo retrato colgado en el rellano del siguiente tramo de escaleras—. Hubo otros... (palabras agresivas, declaraciones ofensivas), pero ése fue un intento deliberado de destruir realmente el espejo. La mujer, una tal Sandra Bates, llegó con una piedra en el bolsillo. Afortunadamente tenía mala puntería y sólo estropeó una esquina del marco. El espejo no sufrió daños. Esa Bates tenía un hermano...
—No necesito que me recite el recorrido de a dólar —le cortó Spangler—. Conozco bien la historia del espejo Delver.
—Fascinante, ¿no le parece? —Carlin le dirigió una extraña mirada de soslayo—. Tenemos a la duquesa inglesa de 1709, y el comerciante de alfombras de Pensilvania en 1746, por no hablar de...
—Conozco la historia —repitió Spangler sin inmutarse—. Lo que a mí me interesa es el trabajo. Y luego, naturalmente, la autenticidad...
—¡Autenticidad! —exclamó Carlin con una seca risita que sonó como si se hubieran sacudido huesos en la alacena—. Todo ha sido examinado por expertos, señor Spangler.
—Claro, también lo fue el Stradivarius de Lemlier.
—Cierto —suspiró Carlin—. Pero ningún Stradivarius tuvo jamás la... jamás causó tantos incidentes como el espejo Delver.
—En efecto —dijo Spangler con su dulce voz despectiva. Comprendía que no había forma de cerrarle el pico a Carlin; tenía una mente perfectamente acorde con su edad—. En efecto.
Subieron al tercer y cuarto piso. Al acercarse a la parte alta de la vieja estructura, notaron un calor agobiante en las oscuras galerías superiores. Con el calor, se notó un olor que Spangler conocía bien porque había pasado toda su vida de adulto envuelto en él... un olor a moscas muertas en oscuros rincones, humedad, y carcoma detrás del yeso. El olor a vejez. Era un olor común en museos y mausoleos. Imaginó que ese mismo olor podía salir de la tumba de una joven virginal que llevara cuarenta años muerta.
Allí arriba, las reliquias estaban amontonadas de cualquier modo, con la profusión típica de las almonedas. Carlin lo condujo por un laberinto de estatuas, retratos con marcos partidos, pajareras doradas y pomposas, piezas de una antigua bicicleta-tándem. Le guió hasta el fondo, a una pared a la que se había adosado una escalera debajo de una trampilla en el techo. De la escotilla pendía un viejo candado polvoriento.
A la izquierda, una imitación de Adonis les contemplaba con sus ojos sin pupilas. Uno de sus brazos se tendía y de la muñeca colgaba un letrero donde se leía: ABSOLUTAMENTE PROHIBIDA LA ENTRADA.
Carlin sacó un llavero de su chaqueta, eligió una llave y subió por la escalera de mano. Se detuvo en el tercer peldaño con la calva brillando levemente en la sombra:
—No me gusta el espejo —dijo—. Nunca me gustó. Me da miedo mirarlo. Temo mirar algún día y ver... lo que los demás vieron.
—No vieron otra cosa que su imagen —aclaró Spangler.
Carlin masculló algo, movió la cabeza y tanteó en el techo, torciendo el cuello para meter la llave en el candado.
—Habría que cambiarlo —dijo—. Es... ¡Maldición!
El candado se abrió de pronto y se soltó de las anillas. Carlin hizo un gesto brusco para recuperarlo y casi cayó de la escalera. Spangler lo sujetó oportunamente y miró hacia arriba. Carlin se agachaba tembloroso al último peldaño, pálido en la oscura penumbra.
—Está nervioso, ¿verdad? —preguntó Spangler.
Carlin no contestó. Parecía paralizado.
—Baje, por favor —dijo Spangler—. Baje, antes de que se caiga.
Carlin lo hizo despacio, agarrándose a cada peldaño como un hombre suspendido sobre un abismo. Cuando sus pies tocaron el suelo empezó a temblar, como si el suelo transmitiera alguna clase de corriente.
—Un cuarto de millón —repitió—. Un cuarto de millón de dólares de seguro para sacar... esa cosa de la planta baja y subirla aquí. Esa maldita cosa. Tuvieron que montar una polea especial para subirla al desván. Y yo tenía la esperanza, casi recé, de que las manos de alguien estuvieran resbaladizas, que el cable no sería lo bastante resistente, que esa cosa se caería y se rompería en mil pedazos...
—Hechos —dijo Sprangler—. Hechos, Carlin. Déjese de historias truculentas o películas de miedo serie B. Hechos. Primero: John Delver era un artesano inglés de ascendencia normanda que fabricó espejos durante el período isabelino en Inglaterra. Vivió y murió normalmente. Nada de palabras mágicas en el suelo que tuviera que limpiar el ama de llaves, nada de documentos con olor a azufre, o manchas de sangre junto a la firma.
Segundo: sus espejos son joyas de coleccionista debido principalmente a su trabajo perfecto y a que empleó un tipo de cristal de aumento levemente distorsionante, algo que los distinguía de los demás. Tercero: por lo que sabemos sólo existen cinco espejos Delver; dos de ellos en América. No tienen precio. Cuarto: este Delver, y el que fue destruido durante el bombardeo de Londres, se han ganado cierta reputación dudosa debida sobre todo a exageraciones y coincidencias...
—Quinto —añadió Carlin—: es usted un cabrón, ¿verdad?
Spangler contemplo con una mueca al ciego Adonis.
—Yo acompañaba al grupo del que formaba parte el hermano de Sandra Bates —prosiguió Carlin—. Tenía unos quince años y formaba parte de un grupo de estudiantes de instituto. Yo estaba contándoles la historia del espejo y había llegado a la parte que usted apreciaría (la hermosa factura, la perfección del cristal), cuando el muchacho levantó la mano. ¿<>, preguntó.
<> Y uno de sus amigos le preguntó a qué se refería, así que el chico Bates empezó a explicárselo pero calló de pronto. Miró el espejo fijamente, acercándose al cordón de terciopelo rojo que lo protegía, luego miró hacia atrás, como si lo que había visto fuera el reflejo de alguien..., de alguien vestido de negro, de pie detrás de él. <> dijo. <> Y no dijo más.
—Siga —pidió Spangler—. Se relame por decirme que era la Muerte... creo que esto es lo que se dice, ¿verdad? Que algunas personas ven la imagen de la muerte en el espejo. Venga, suéltelo de una vez. ¡Al National Enquirer le encantará la historia! Cuénteme las horrorosas consecuencias y desafíeme a que pueda explicarlo. ¿Qué pasó, le atropelló un coche? ¿Se tiró por una ventana? ¿O qué?
Carlin rió con tristeza.
—Debería saberlo mejor, Spangler. ¿No me ha dicho por dos veces que usted es... que está perfectamente al corriente de la historia del espejo Delver? No hubo consecuencias horribles. No las ha habido nunca. Por esa razón el espejo Delver no figura en las ediciones domingueras como el diamante Koh-i-noor o la maldición de Tutankhamón. Es manso comparado a esos dos. Cree que soy un imbécil, ¿verdad?
—Sí. ¿Podemos subir ahora?
—Muy bien —dijo Carlin.
Subió por la escalera de mano y empujó la trampilla. Se oyó un chirrido quejumbroso al levantar el peso en la oscuridad y Carlin se perdió en las sombras. Spangler le siguió. El Adonis ciego se quedó mirándolos mudamente.
El desván estaba caliente, iluminado sólo por una ventana llena de telarañas, e un ángulo, que filtraba la luz exterior con un resplandor lechoso y sucio. El espejo estaba apoyado contra una esquina, de cara a la luz, reflejándola como una mancha blanquecina en la pared opuesta. Había sido atornillado para mayor seguridad a un armazón de madera.
Carlin no lo miró. Se esforzó todo lo que pudo por no mirar.
—Ni siquiera lo ha cubierto con un trapo —protestó Spangler, repentinamente indignado.
—Yo lo veo como un ojo —dijo Carlin; su voz sonaba vacía—. Si se le deja abierto, siempre abierto, a lo mejor se queda ciego.
Spangler no le prestó atención. Se quitó la chaqueta, la dobló cuidadosamente con los botones hacia dentro, y con infinita ternura limpió el polvo de la superficie convexa del espejo. Luego dio un paso atrás y lo contempló.
Era genuino. No cabía la menor duda. Era un ejemplo perfecto del genio de Delver. La habitación llena de trastos, detrás de él, su imagen reflejada, la silueta medio vuelta de Carlin... todo estaba claro, bien definido, casi tridimensional. El leve aumento del cristal daba a todas las cosas un efecto ligeramente curvo que añadía una distorsión inquietante. Era...
La idea se le fue y de pronto sintió otro arranque de ira:
—Carlin.
Carlin no dijo nada.
—¡Carlin, maldito sea, pensé que me había dicho que la muchacha no había dañado el espejo!
No obtuvo respuesta.
Spangler lo miró fríamente por el espejo.
—Hay un trozo de esparadrapo en la parte de arriba, en el ángulo izquierdo. ¿Llegó a partirlo? ¡Por el amor de Dios, diga algo!
—Está viendo a la Muerte —contestó Carlin inexpresivamente—. No hay esparadrapo en el espejo. ¡Pase la mano por encima!
Spangler se envolvió la mano con la manga de su chaqueta, y la apoyó blandamente sobre el espejo.
—¿Lo ve? No hay nada de sobrenatural. Se ha ido. Mi mano lo cubre.
—¿Lo cubre? ¿Nota el esparadrapo? ¿Por qué no lo arranca?
Spangler apartó su mano y miró el espejo. Todo en él parecía algo más distorsionado; las esquinas del desván más inclinadas, como si fueran a resbalar hacia una ignota eternidad. No había la menor mancha oscura en el espejo. Estaba impecable. Sintió despertar en su interior un terror inexplicable.
—Parecía él, ¿no cree? —preguntó Carlin. Su rostro estaba muy pálido y sus ojos miraban al suelo. En su cuello palpitaba un músculo—. Admítalo, Spangler. Parecía una figura embozada, de pie detrás de usted, ¿verdad?
—Parecía una cinta adhesiva cubriendo una pequeña rotura —repuso Spangler con firmeza—. Ni más ni menos...
—El joven Bates era muy fuerte —dijo Carlin. Sus palabras parecían resquebrajar la atmósfera agobiante y quieta—. Era como un jugador de fútbol. Llevaba una camiseta con una gran letra y pantalones verde oscuro. Nos encontrábamos a mitad de camino de la exposición de arriba cuando...
—El calor me está mareando —dijo Spangler. Había sacado un pañuelo y se secaba el cuello. Sus ojos recorrieron la superficie convexa del espejo.
—... cuando dijo que necesitaba ir a beber agua. Un vaso de agua, ¡por el amor de Dios!
Carlin se volvió a mirar a Spangler, con expresión de poseso, y prosiguió.
—¿Cómo iba a saberlo yo? ¿Cómo podía saberlo?
—¿Hay un lavabo por aquí? Creo que voy a...
—Su camiseta... vi fugazmente su camiseta mientras iba bajando la escalera... Después...
—... vomitar.
Carlin sacudió la cabeza y volvió a mirar al suelo.
—Naturalmente. Segundo piso, tercera puerta a la izquierda, en dirección a la escalera. —Levantó la cabeza, suplicante—. ¿Cómo iba a saberlo?
Pero Spangler ya estaba bajando por la escalera de mano. Se movió bajo su peso y por un momento Carlin pensó —deseó— que se cayera. No ocurrió así. Por el recuadro abierto en el suelo, Carlin le vio bajar tapándose la boca con la mano.
—¿Spangler?
Pero ya se había ido.
Carlin escuchó sus pasos, el eco de sus pasos, y luego nada. Cuando ya se hubieron apagado, se estremeció. Trató de llevar sus pies hacia la trampilla, pero los tenía helados. Sólo aquella última mirada, fugaz, a la camiseta del muchacho...
¡Dios...!
Era como si unas enormes manos invisibles tiraran de su cabeza, obligándole a levantarla. Aunque no quería mirar, Carlin fijó la vista en la brillante profundidad del espejo Delver.
No había nada.
La habitación se reflejaba con toda fidelidad, sus polvorientos confines transformados en brillante infinitud. Unas líneas de un poema de Tensión, casi olvidado, acudieron a su mente de pronto y recitó en voz alta: <>
Y seguía sin poder apartar la mirada, y la quietud palpitante le retenía. Junto a una esquina del espejo, una cabeza de búfalo, comida por las polillas le miró con sus ojos de obsidiana, planos.
El muchacho había querido beber agua y la fuente estaba en el vestíbulo del primer piso. Había bajado y...
Y nunca más había vuelto.
Jamás.
A ninguna parte.
Lo mismo que la duquesa inglesa que se había detenido a admirarse en su espejo, antes de una soirée, y decidió volver al gabinete en busca de sus perlas. Como el vendedor de alfombras que había salido a pasear en coche y había dejado tras él sólo un coche vacío y dos caballos mudos.
Y el espejo Delver había estado en Nueva York desde 1897 hasta 1920, precisamente cuando el juez Crater...
Carlin miró como hipnotizado a lo más profundo del espejo. Abajo, el Adonis ciego vigilaba.
Estuvo esperando a Spangler, casi como la familia Bates debió de haber estado esperando a su hijo, como el marido de la duquesa esperaría a que su esposa volviera del gabinete. Miró al espejo y esperó.
Y esperó.
Y esperó.
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